16.1.17

Mortadelo, Filemón y el Tirano que va a caballo

Hasta Mortadelo, el de Filemón, se queda sorprendido de la forma en que nos engañan con los mensajes “dados la vuelta”. No miente el General de la Calavera, simplemente dice “su” verdad, que no es la habitual. El más sorprendido es el caballo.

Humor de notarios y millonarios

Los millonarios comen caviar con las manos y critican a los que hemos logrado que sean millonarios, pues ahora vamos de pobres por la vida, por culpa de ellos. 

Son la flor y nata de la sociedad, pero no por ser millonarios, lo pueden seguir siendo hasta reventar, sino por ser tan listos como para que encima todos los demás seamos los culpables.

¿Quien va a seguir ayudando a los millonarios, si hasta los pobres nos hemos quedado sin la mesa de poder para ayudarles?

15.1.17

Comidas para millonarios super tontos

El número de “cosas” que deberían estar prohibidas es enorme, y muchas de ellas las desconocemos pues nos las ocultan. Hoy he visto un programa de televisión sobre los lujos gastronómicos de los super millonarios ingleses. Es de una indignidad que daña el hígado, os lo juro.

Empieza un chaval joven y guapo, además de impertinente y pesado que desde New York les vende a los ricos un chocolate del Ecuador en una caja de madera de laurel con un catálogo de 100 páginas para explicar de qué va el puñetero chocolate, por el módico precio de 250 euros la tableta de chocolate de 82% de pureza, y al que ademá le dicen en algunas catas que su chocolate resulta excesivamente amargo al final. No se debe tomar con las manos y para eso la cajita se acompaña de una pinzas también de madera, pues hay que oler el chocolate más todavía que saborearlo. Jodo.

Luego sale un fabricante de botellas de agua donde lo de más es el cristal de la botella cuadrada que se vende por 45 euros la botella. Nos llevan a la montaña a enseñarnos de donde sale como si el agua de España que se embotella saliera de los charcos. Al final en una cena de cata de agua con los postres, un comensal dice que el agua está riquísima, que sabe a piedras. Con dos cosas de esas que cuelgan. Vamos, que parecía agua del Ebro recién cogida con pozales.

Lo más guay es cuando nos muestran a unos vendedores de tontadas acudiendo a contratar unos moluscos especiales que solo se pueden coger en el Mar Ártico. Se juegan la vida los pescadores submarinistas para cogerlos entre los abruptos mares helados. Eran almejas de carril, navajas y erizos. Efectivamente a los erizos les dicen como todos sabemos que es como comerse el mar. Pero la pifian cuando dicen que se venden a 1.300 euros el kilo. Jopetas, como se enteren los asturianos y gallegos se ponen a exportar como locos. Tratas a estas maravillas, que lo son, como diamantes naturales. los filetean en delicadas piezas de milímetros, pues son tan caras que hay que ponerlas rodeadas de hojitas en capas más finas que la trufa.  

Tener vinos de 125.000 euros parece lo normal. Y las cenas servidas a domicilio se ponen entre los 650 y los 1.300 euros por persona. Eso si, con cinco vinos maridando el menú, entre ellos un moscatel que ellos llaman de otra forma pero que lo venden como el milagro de la uva pues es como vino con miel vegetal.

¿Alguien les ha dicho a esta gente que en la misma Europa se están muriendo de hambre millones de personas? Con tantas tontadas es normal que se quieran ir de Europa, pues se creen en poder de toda la verdad posible. Y que el resto de europeos vamos con taparrabos y comemos con las manos teniendo las uñas llenas de mugre. 

Es erotismo en forma de comida para millonarios, es la tontada más grnade que jamás se peude ver. Pero que se jodan, pues en realidad todos ellos se joden entre ellos mismos.

Medranica Ajovín

12.1.17

La vieja televisión de hace 40 años

En 40 años la España que pisamos la hemos transformado entre todos hasta no conocerla. Y eso es importante decirlo al aire, para que no se nos olvide de donde veníamos. Es verdad que las tecnologías han cambiado el mundo y nos han venido hechas, pero también es muy cierto que nuestra posición era tan baja, que hasta el lugar al que hemos llegado, hemos visto en estos 40 años unos cambios tremendos y que sin duda nos merecíamos, aunque ahora nos hagan sonreír.

Os dejo la programación de la televisión en España, de un día laboral de agosto del año 1975. No había más que cadena y media. Sí, poca cosa para elegir. Pero vamos a meternos un poco en los entresijos de esta programación.

Empezaba con una Carta de Ajuste, que era una cosa sin mucho motivo, un hilo musical con una pantalla fija, y que todavía no sé bien qué sentido tenía. Pero existía y era escuchada. A continuación media hora de Programa Regional, pues ya habían llegado las corresponsalías fuera de Madrid, todo un éxito. Pero hasta las 15 horas con el Telediario no empezaba la chicha interesante. Se mantiene pues el horario con el actual.

Unos dibujos animados y un programa cultural. Y descansamos de emitir hasta las 19 horas.

Algo de deporte, un episodio de una serie del momento y otra vez el Telediario, esta vez a las 21,30 pues en aquellos años se trabaja hasta más tarde que ahora y había que pillar a toda la familia junta. El show de Carol Burnett y algo sobre Napoleón. Y antes de irnos a dormir a las 24 horas, cinco minutos de reflexión religiosa, para rezar todos los españoles juntos. Guay.

En el UHF que ya había perdido su nombre guapo —U - H - F— se ponía una programación de noche. Una película o una revista sobre el cine, el Telediario a las 22 horas, por si el del Primer Programa no te lo habías podido meter entre pecho y espalda, y una película de verdad. Viejita, eso sí. Y para tranquilizarte, pues el Segundo Programa era para más intelectuales y estos ya sabían rezar solos, una Última Imagen, con un paisaje o una frase superpuesta de ánimo.

11.1.17

Sócrates y la prueba de los Tres Tamices

Dicen las malas lenguas, que en la antigua Grecia, al gran Sócrates hace 2.400 años, y que tenía una gran reputación de sabiduría, un día vino alguien a encontrarse con el filósofo y le preguntó:

— ¿Sabes lo que acabo de oír sobre un amigo tuyo?
— Un momento —respondió Sócrates—, antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los Tres Tamices.
— ¿Los tres tamices?
— ¡Sí! —continuó Sócrates— antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo la prueba de los Tres Tamices. El Primer Tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir sobre mi amigo es verdad?
— No, yo sólo lo escuché.
— Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el Segundo Tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno, es positivo?
— ¡Ah, no! Por el contrario, lo que me dijeron era que había hablado mal de tí.
— Entonces —cuestionó rápidamente el filósofo Sócrates—, quieres contarme cosas malas acerca de mi amigo y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas. ¡Buff! Tal vez aún puedes pasar la prueba del Tercer Tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?
— No, en serio.
— Entonces, —concluyó Sócrates— lo que ibas contarme no estás seguro de que sea cierto, no es bueno ni para él ni para mi, ni resulta útil para ninguno. ¿Por qué querías decírmelo?

8.1.17

La fuente de las gotas de agua y los deseos

La capacidad de sorpresa de las personas es casi infinita. Aprendemos de todas ellas solo con movernos en su búsqueda. Las vemos actuar y apuntamos con nuestra memoria lo que vemos. Y nos preguntamos ¿Por qué, para qué?

En la misma plaza de la imagen, hay decenas de personajes plastificados y diferentes esperando que algunas personas, siempre turistas, se hagan una foto con ellos a costa de una moneda. Es el circo de la vida, el teatro de la calle, los deseos de estar acompañados de alguien al que consideramos diferente. Otra cosa es complicado de entender.

Una madre, su hija. ¿Necesitan más compañía que el escenario de la plaza, para quedar inmortalizados? Ellas al menos han elegido a una mujer que habla del agua, y no un dibujo animado rancio y con la ropa llena de mugre. Ni tampoco al clásico viejuno y falso de los vestidos de andaluces, toreros o chulapones.

En su Bolivia natal —da igual el país— enseñarán la imagen e intentarán explicar que allí, somos así.Que hablamos del agua y de las gotas. Al menos es una frase bonita.

5.1.17

Si eres sensible no me leas. Es obsceno esta vez

Si has alcanzado el éxito en la vida, deberías entender con claridad que cagar en un trono así tiene su punto. Imagínate, sentado, rodeado de maderas nobles que no nacieron para sujetar culos, y tú allí, preparándote para lo mejor de ese momento. Vaciarte desde el lujo.

No me quedó muy claro si la ranura de la tapa es para meter la mano y levantarla, o meter el ano y acertar para no manchar. No viví en aquellos años. Pero mola. Tiene diseño. ¿Y..., a donde irá a parar? 

Ahora está desconectado el don de sentarse. Ya no es posible usarlo. Ahora todo es más blanco e impersonal. Incluso en cagar hemos perdido dignidad y derechos. Si eras rico de siempre, se entiende. Los pobres siempre cagábamos entre las gallinas.

Por qué no queremos suficiente democracia?

La democracia se compone de varias herramientas imprescindibles. Una de las más importantes es que los partidos políticos sean limpios. Y cuando la basura llena las cloacas, lo que hay que hacer es cerrar para desinfectar y empezar de nuevo.

Pero en España esto no lo tenemos así de claro, auspiciado además por la inmensa capacidad de los ciudadanos en olvidar o relativizar todo. No siempre la culpa es de lo que se saltan las normas. Muchas veces es de los vigilantes o de los que no saben elegir a los vigilantes.

Tan importante en democracia es quien gobierna, como quien hace de oposición con un poder determinado y una rasmia a prueba de todo. Si quien tiene que vigilar es débil, pantuflo, comprado, somnoliento o con ganas de ir pasando los sueldos, la democracia se debilita. Pero parecemos no aprender. Por eso repito tantas veces lo mismo.

Todxs tenemos que edificar cada día la democracia. Todos somos importantes para saber elegir y exigir. Pero muchas veces preferimos los caramelos que nos ofrecen los que quieren adormilarnos. No se trata de romper ventanas, sino de saber exigir con calma pero con la contundencia debida.